Más allá del acrílico

Un buzo nada a lo largo del túnel de Ocean Voyager en el Acuario de Georgia. Los visitantes pueden ver al equipo en acción desde abajo. © STEPHEN FRINK

Buceo con un gran propósito en el Acuario de Georgia

Hay un instante en todos los buceos —después de la verificación de los equipos, el equipo da la aprobación final y el cuerpo del buzo desaparece bajo la superficie— en el que todo lo demás se desvanece.

No obstante, en el Acuario de Georgia (Georgia Aquarium) ese momento no empieza con un viaje en barco ni una gran zancada, sino que comienza dentro de un edificio en el centro de Atlanta, rodeado de hormigón, visitantes e imponentes exhibiciones. Se inicia con el débil zumbido de las bombas de soporte vital, el aroma del café recién hecho y la presencia de alegres voluntarios. Empieza con una respiración profunda justo antes de descender hacia un mundo donde tiburones ballena se desplazan a un lado, mantarrayas dan vueltas circulares a una profundidad media y la misión es mucho más grande que uno mismo.

Bienvenido al buceo en acuarios, donde el agua y el propósito son claros y los riesgos son mucho más altos de lo que muchas personas creen.

Un mundo detrás del acrílico

Para el público, el Acuario de Georgia es un lugar maravilloso, al igual para los muchos miembros del personal y voluntarios que ayudan a hacer que funcione. Es un lugar para encontrarse cara a cara con océanos gigantes, ver a niños maravillados con las manos presionadas contra el acrílico y aprender sobre ecosistemas que la mayoría de las personas nunca visitarán en persona. 

Sin embargo, entre bastidores hay una operación compleja y coordinada y el equipo de operaciones de buceo tiene la oportunidad de apoyar esta misión cada día como uno de los programas de buceo en acuarios más grande del mundo.

Cada buceo que se hace aquí apoya algo vital. No solo estamos manteniendo hábitats o alimentando animales, sino que contribuimos activamente a su cuidado, conservación y la gran misión de inspirar el cuidado del océano en los millones de visitantes que pasan por nuestras puertas cada año.

Es una tarea técnica, física, emotiva y todo menos ordinaria.

A guest photographs one of the resident octopuses
Una visitante fotografía a uno de los pulpos residentes. Con sus brazos extendidos por el acrílico, el pulpo expresa su mutua curiosidad. © Georgia Aquarium
Feeding time for the whale sharks at Georgia Aquarium
La hora de la comida de los tiburones ballena en el Acuario de Georgia es uno de los momentos favoritos del personal, ya que ofrece la oportunidad de estar cerca de los animales a los que se dedican todos los días. © Stephen Frink

El camino hacia la plataforma

Las personas a menudo preguntan qué se necesita para convertirse en un buzo del Acuario de Georgia. Lo cierto es que contar con un libro de registro no es suficiente.

Ya sea que se postule para miembro del personal o buzo voluntario, el proceso es deliberadamente extenso. Los miembros del personal deben pasar por el proceso de contratación, así que es fundamental que cuenten con especialidades en sus áreas de conocimiento. Cada voluntario ya debe tener una certificación de buceo, servir como voluntario por al menos 50 horas, asistir a una sesión informativa para buzos, postularse al programa y tener la disponibilidad necesaria para cumplir con el cronograma. 

Un panel de miembros del personal y buzos voluntarios actuales entrevista a los postulantes y selecciona finalistas, que luego son invitados a comenzar los procedimientos de incorporación generales, que cada buzo debe realizar y aprobar para unirse al equipo. Los requisitos incluyen un examen de aptitud física para el buceo con un médico experto en medicina de buceo, nuestra evaluación de natación y buceo y una serie completa de actividades de capacitación en seguridad y rescate. En el Acuario de Georgia exigimos haber realizado el curso Primeros auxilios de buceo para buzos profesionales de DAN, un programa que valoro inmensamente como oficial de seguridad en el buceo (DSO, por sus siglas en inglés). Esto sienta las bases de la forma en que operamos como un equipo de alto rendimiento en un entorno de alto riesgo.

El siguiente paso es la orientación para buceadores, que incluye clases teóricas y una evaluación en el agua. El curso abarca desde las normas de la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional (OSHA) y los protocolos de operaciones de buceo hasta los procedimientos de emergencia y las directrices de interacción con animales. Solo después de completar con éxito el curso, los buceadores pueden acceder a nuestros hábitats.

E incluso entonces, el aprendizaje nunca se detiene.

Muchos de nuestros hábitats se exploran mejor con buceos con suministro desde la superficie en lugar del tradicional buceo con aire comprimido. Nuestros buzos entrenan con máscaras que les cubren la totalidad de la cara, sistemas de comunicación por cableado y umbilicales de aire para proporcionar un tiempo de fondo prolongado y apoyo constante desde la superficie. Este entrenamiento es crucial ya que la mayor parte de nuestros hábitats son demasiado pequeños para realizar buceos con aire comprimido. 

La mayoría de los buzos de nuestro programa tienen múltiples habilidades en varios sistemas, y se espera que todos mantengan el nivel de preparación por su seguridad y la de sus compañeros de equipo y los animales a los que atendemos.

La seguridad es una cultura, no una lista de verificación

Cumplir con el estándar de regulación 29 CFR Parte 1910 Subparte T de la OSHA para las operaciones de buceo comercial es solo el principio. Como DSO, también debemos cumplir las normas establecidas por la Asociación de Zoológicos y Acuarios (Association of Zoos and Aquariums, AZA), la Academia Americana de Ciencias Submarinas (American Academy of Underwater Sciences, AAUS) y el Consejo Mundial de Entrenamiento de Buceo Recreativo (World Recreational Scuba Training Council, WRSTC). Esas agencias proporcionan las normas de buceo.

El acuario también debe cumplir con las normas establecidas por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (U.S. Department of Agriculture, USDA), la Ley de Protección de Mamíferos Marinos (Marine Mammal Protection Act), el Departamento de Recursos Naturales de Georgia (Georgia Department of Natural Resources) y muchos otros para garantizar que proporcionemos la mejor atención posible para nuestros animales. 

Los simulacros de seguridad están integrados en nuestra cultura. Cada mes organizamos sesiones de capacitación basadas en escenarios entre los equipos de buceo. Estas sesiones incluyen envenenamientos causados por erizos de mar, fallas en los equipos y respuestas exhaustivas cuando hay buzos abajo. 

Para diseñar escenarios que desafiaran la comunicación, la toma de decisiones y la conciencia de la situación bajo presión de los miembros del equipo me basé en mi propia experiencia como paramédico. También me esfuerzo por crear un ambiente positivo que le permita a nuestro equipo aprender y mejorar.

El objetivo es no provocar miedo, sino crear memoria muscular y conciencia kinestésica. Queremos que cada buzo se sienta seguro de sus respuestas mucho antes de que necesite ejecutarlas. 

También hemos integrado factores humanos y habilidades no técnicas a nuestro programa. La seguridad psicológica, la comunicación asertiva y la conciencia de la situación de los miembros del equipo son tan importantes para nosotros como la flotabilidad y el manejo del aire.

No obstante, estas habilidades no están destinadas exclusivamente al acuario. Los buzos que las adquieren aquí las llevan a las aguas abiertas y el efecto dominó es una de las partes más gratificantes del trabajo.

An aquarist swims alongside a whale shark at Georgia Aquarium.
Un acuarista nada junto a un tiburón ballena en el Acuario de Georgia. Estas sesiones en el agua permiten al personal monitorear a los animales de cerca, lo que ayuda a garantizar que reciban la mejor atención posible. © Stephen Frink
A diver plays a round of rock, paper, scissors with a guest through the tunnel in Ocean Voyager
Un buzo juega una ronda de piedra, papel o tijera con un visitante a través del túnel en Ocean Voyager, un momento simple que crea recuerdos perdurables y ayuda a fortalecer las conexiones con los visitantes. © Georgia Aquarium

No hay tal cosa como un día típico

En el buceo en acuarios no hay un día estándar. Una mañana puede comenzar en la oficina de buceo, coordinando los horarios de entrenamiento para nuestros casi 300 buzos o revisando la documentación de cumplimiento. Otro día puede ser que estemos en el agua realizando un buceo complejo en nuestra galería de agua fría u observando a un nuevo buzo explorar un hábitat de arrecife de coral por primera vez.

Nuestros hábitats son tan diversos como las especies que cuidamos. Van desde nuestro hábitat de varios millones de litros, Ocean Voyager, donde viven nuestros tiburones ballena y mantarrayas, hasta entornos más pequeños e íntimos como River Scout, donde podrán ver a nuestras pirañas, peces tigre y nutrias enanas. Cada hábitat tiene sus propios protocolos de buceo, comportamientos de animales y requisitos de mantenimiento diario a los que debemos adaptarnos para nuestro plan de buceo. 

Tal vez no luchemos contra la corriente ni el oleaje, pero el buceo en acuarios requiere precisión, consistencia y una capacidad para trabajar sin problemas con equipos de soporte de vida, veterinarios, acuaristas y otros buzos. Se trata de un lugar de trabajo dinámico donde cada buceo apoya a algún ser que está vivo, respira y es vulnerable.

También es un lugar donde la mentoría prospera. Nuevos buzos son recibidos en un equipo que valora el intercambio de conocimientos, la mutua rendición de cuentas y la responsabilidad compartida. Me enorgullece inmensamente ver a los buzos desarrollar destrezas, confianza y un propósito.

Bucear con una misión más importante

Aquí no encontrará cartas de mareas ni buceos profundos, pero sí tendrá la oportunidad de generar un impacto tangible. Cada buceo es más que una tarea. Es un mensaje. Les muestra a los visitantes qué está en juego en nuestros océanos y por qué vale la pena protegerlos.

Esta responsabilidad es lo que hace que el buceo en acuarios sea diferente. Nuestro trabajo no es solo bucear, sino inspirar. Es ayudar a las personas a enamorarse del océano, incluso si nunca lo han visto en persona. Cuando los visitantes ven a un buzo cuidando a un animal o limpiando una pared de coral con precisión quirúrgica, son testigos de algo más que un mantenimiento. Están viendo una relación basada en el respeto y el cuidado.

Ese momento de conexión, cuando un niño mira fijamente a un buzo o un adulto pregunta cómo puede ayudar, es donde comienza el cambio. A veces puede implicar elegir alimentos marinos sustentables o convertirse en buzos ellos mismos. Y en ocasiones puede suponer empezar a preocuparse por el océano de una nueva manera.

Y esa chispa es el verdadero motivo por el que buceamos.

El buceo como una vocación

Para muchos miembros de nuestro equipo, este no es solo un trabajo; es una vocación. Somos buzos profesionales, pero también somos educadores, conservacionistas y cuidadores. Hemos elegido un camino que combina habilidades técnicas con una inversión emocional, y nos presentamos todos los días porque creemos que el océano vale la pena.

El compromiso es real. Las madrugadas, los elevados estándares y la carga de la responsabilidad son parte del trabajo. Pero también lo son la alegría, el asombro y el sentimiento de formar parte de algo mucho más grande que nosotros.

Al bucear en el Acuario de Georgia, uno es parte de una misión —la cual llega mucho más allá de nuestras paredes y se extiende hacia el mundo más amplio de la defensa de los océanos—.

Guests at Georgia Aquarium witness the majesty of a manta ray up close
Visitantes del Acuario de Georgia son testigos de la majestuosidad de una mantarraya de cerca, un recordatorio diario del papel fundamental del buceo en el cuidado de los animales, la investigación y la conservación. © Georgia Aquarium

Por qué es importante para todos los buzos

Como lectores de Alert Diver , ya comprenden el poder transformador del buceo. Han sentido el silencio del descenso, la adrenalina de la exploración y la calma que solo puede brindar el tiempo que un buzo pasa bajo el agua.

Espero que este vistazo al buceo en acuarios sea un recordatorio de que sin importar dónde buceemos —el océano, un lago, un manantial o un acuario— tenemos el potencial de marcar la diferencia. Podemos influenciar a otros a través de nuestras acciones y nuestra capacitación y pasión. Cuando mantenemos los más altos estándares, ayudamos a proteger los entornos que amamos.

Puede ser que aquí el buceo tenga lugar detrás de un acrílico, pero su impacto se extiende mucho más allá de nuestros muros. Buceamos para cuidar a los animales, construir una comunidad, despertar la curiosidad y ayudar a crear un futuro donde el océano aún prospere. Y si hemos hecho nuestro trabajo correctamente, quizás alguien que observaba desde el otro lado del acrílico algún día se sumerja para también marcar la diferencia.

Jonathan Langham es gerente senior de operaciones de buceo y DSO del Acuario de Georgia.


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