Centinelas de los mares

En Cordell Bank, peces cubren los suntuosos jardines submarinos de coloridas esponjas, anémonas de mar, estrellas de mar, pepinos de mar, caracoles y cangrejos. Foto de Robert Lee/NOAA.

El poder y la importancia de los santuarios marinos de Estados Unidos.

Los mares me salvaron. Todo comenzó en 2015 con un viaje de buceo, cuando yo era una abogada desdichada. Me encontré a mí misma en la proa de una embarcación en un refugio tan inmaculado y silvestre que me estremeció hasta lo más profundo de mi ser. El océano me despojó de todo y me devolvió la vida. Regresé de ese viaje motivada a proteger las aguas y toda la vida que ellas albergaban.

Este recorrido finalmente me llevó a realizar trabajos de restauración de arrecifes con el Santuario Marino Nacional de los Cayos de la Florida (Florida Keys National Marine Sanctuary). En ese mar turquesa, establecí un vínculo con corales antiguos y con las personas que trabajan para salvarlos. Impresionada por su coraje y su tenaz optimismo, me di cuenta una vez más de que los santuarios marinos estimulan mucho más que la vida marina.

La cubierta de los Santuarios Marinos de América
The cover of America’s Marine Sanctuaries shows Keith Ellenbogen’s photo of a humpback whale breaching the ocean surface at Stellwagen Bank National Marine Sanctuary. Humpback whales live throughout the world’s oceans and are a favorite of whale watchers.

En los Estados Unidos actualmente hay más de 14 santuarios marinos nacionales y dos monumentos marinos nacionales. Al igual que las personas que viven, trabajan y se divierten en ellos, son todos únicos y especiales. En estos maravillosos lugares, hay un argumento que se mantiene siempre igual: si protegemos el lugar, nos retribuirá por diez.

America’s Marine Sanctuaries: A Photographic Exploration (Santuarios marinos de los Estados Unidos: una exploración fotográfica), un nuevo libro de la National Marine Sanctuary Foundation (NMSF), publicado por Smithsonian Books, destaca los santuarios y recursos que ellos protegen. El libro anticipa el 50mo aniversario de la Ley de Santuarios Marinos Nacionales de 1972 (1972 National Marine Sanctuary Act), que impulsó el esfuerzo nacional para defender nuestros océanos y los Grandes Lagos. A través de fotografías exquisitas y detalles íntimos, el proyecto celebra los matices de cada santuario y monumento y demuestra por qué estos lugares son importantes. 

“Durante mucho tiempo, nos olvidamos del océano”, afirmó Kristen Sarri, presidente y CEO de NMSF, la colaboradora sin fines de lucro del Sistema de Santuarios Marinos Nacionales (National Marine Sanctuary System). “Ahora comprendemos que no tendremos un planeta próspero ni comunidades que gocen de buena salud sin un océano saludable”. Con la creencia de que las fotos ayudan a las personas a “ver bajo las olas” para comprender qué hay allí y por qué vale la pena protegerlo, consiguió la ayuda de fotógrafos que viven y trabajan en esos santuarios para contar la historia.

“Cuando se hace bien, la fotografía tiene la maravillosa capacidad de conectar a las personas con algo”, explicó el colaborador Keith Ellenbogen, un fotógrafo submarino con un enfoque de conservación. “Las imágenes pueden transmitir un sentido de necesidad de ir a un lugar, una conexión con un animal o qué hace a algo especial. Ellenbogen afirmó que su foto de portada de una ballena jorobada saliendo a la superficie en el Santuario Marino Nacional Stellwagen Bank (Stellwagen Bank National Marine Sanctuary), en Massachusetts, es su trabajo más espectacular porque muestra la relación del animal con el océano. Genera un sentimiento de expectativa por lanzarse al agua y crea el marco para el libro, agregó.

Una ballena jorobada salta
Una ballena jorobada sale a la superficie en el Santuario Marino Nacional Stellwagen Bank.

Douglas Croft, cuya imagen de una ballena gris con su cría en Big Sur, California, aparece en el libro, describió la migración anual y el efecto que tuvo sobre él: “me siento en los acantilados de Big Sur a fines de abril o principios de mayo, cuando las ballenas grises y sus crías permanecen cerca de la costa para evitar a las orcas. Verlas pasar nadando debajo de mí es algo hermoso y espiritual; me llena los ojos de lágrimas”.

Las curiosas crías adoraban jugar en el kelp y a veces se detenían en una caleta cercana para lactar antes de pasar por su posición privilegiada. Mientras esperaba, Croft pensaba en las áreas protegidas de México donde los pequeños nacen y el Santuario Marino Nacional de la Bahía de Monterrey (Monterey Bay National Marine Sanctuary), a través del que migran, mientras pasaban frente a la lente de su cámara. “Las ballenas ahora están protegidas de la caza”, comentó. “Es un gran testimonio de lo que sucede cuando decidimos proteger algo en lugar de destruirlo. Podemos ver la llegada de nueva vida”.

Croft recuerda cuando la Bahía de Monterrey no era exuberante y próspera. Había sobrepesca de sardinas, las nutrias eran asesinadas por sus pieles y las aguas prácticamente se habían vuelto un desierto, expresó. Después de que se estableció el santuario, el ecosistema se recuperó y continuó prosperando bajo su fuerte protección.

También es una pesquería abierta de cangrejos y anchoas y uno de los principales mercados de calamar pequeño (Doryteuthis opalescens) del mundo. “Las normas garantizan que los recursos no vuelvan a ser objeto de la sobrepesca”, declaró Croft. “Actualmente está completamente lleno de vida”.

Surfistas miran al mar al amanecer desde una playa
Surfistas miran hacia el mar al amanecer desde una playa en el Santuario Marino Nacional Olympic Coast (Olympic Coast National Marine Sanctuary). Lugareños y una cantidad cada vez mayor de surfistas de Seattle y otros lugares han descubierto los desafíos y las recompensas de las rompientes de Olympic Coast, que son provocadas por las grandes olas del Pacífico.

Como un marinero en un barco de observación de ballenas, Croft aún se emociona cada vez que se encuentra en el agua. No importa si es su primer o su quincuagésimo avistamiento de una ballena saliendo a la superficie, el fenómeno siempre le quita el aliento. La experiencia cambia a las personas, explicó, porque es imposible no verlo, y no puedes dejar de sentir lo que sea que te provoque.

John Armor, director de la Oficina de Santuarios Marinos Nacionales (Office of National Marine Sanctuaries, ONMS), compartió que los santuarios son mucho más que fortalezas ambientales, también constituyen catalizadores económicos y sociales, herramientas de preservación y laboratorios vivientes para la ciencia. Estos tesoros nacionales han sido de utilidad para todas las comunidades situadas a su alrededor, aspectos importantes desde tiempos remotos, agregó. La misión del Sistema de Santuarios Marinos Nacionales es defender estos recursos ecológicos, históricos y culturales y a la vez promover usos compatibles y sustentables. Para ello, existen modelos de conservación, diseñados específicamente para cada lugar, sobre los que se basa cada santuario.

Una barracuda nada entre una masa de peces plateados
Una barracuda nada entre una muchedumbre de peces plateados en el Santuario Marino Nacional de los Cayos de la Florida.

“Si las personas quieren seguir buceando en arrecifes, debemos tener arrecifes saludables. Si las personas desean bucear en naufragios, los naufragios deben ser preservados y administrados”, comentó la economista principal de la ONMS, Danielle Schwarzmann. “Los santuarios proporcionan la infraestructura necesaria para hacer todo eso”.

Este es precisamente el caso en el Santuario Marino Nacional Flower Garden Banks (Flower Garden Banks National Marine Sanctuary, FGBNMS), cerca de la costa de Texas. Los hábitats críticos sustentan la economía local, por lo que los pescadores tienen un rol activo en su preservación. “La responsabilidad reduce el desperdicio” en el programa de santuarios, comentó Scott Hickman, un guía de caza y pesca con sede en Galveston y presidente del Consejo Asesor del FGBNMS.

Hickman introdujo un mecanismo beneficioso para todos que funciona en el santuario, que promueve la pesca, respalda la conservación y crea nuevas oportunidades para el ecoturismo de manera simultánea. Los apasionados de la vida al aire libre se unen a embarcaciones comerciales de forma gratuita para divertirse mientras ayudan a procesar pedidos de restaurantes de pescados y mariscos y aprenden a proteger la abundante biodiversidad del santuario. Las embarcaciones más pequeñas evitan el uso de técnicas de pesca que dañen a los singulares arrecifes de coral y criaderos de peces que sustentan a todo el ecosistema. La pesca es recolectada sin costos de mano de obra. En general, la “experiencia comercializable” produce pescado de mejor calidad tanto para los restaurantes locales como para los ecoturistas y todo el programa evita la sobrepesca —el problema que originalmente inspiró a Hickman.

“He manejado barcos chárter durante más de 30 años y me he cansado de volver a lanzar al agua peces muertos que no se estaban utilizando”, afirmó. “Ahora conservamos lo que capturamos y nos detenemos cuando conseguimos lo suficiente como para cumplir con el pedido. Desarrollé estos programas de conservación y su implementación ha ayudado a recuperar estas pesquerías y hábitats”.

Los santuarios construyen una cultura de orgullo estadounidense de ocuparse de algo especial, y saber que lugares como Flower Garden Banks serán cuidados y perdurarán durante mucho tiempo es muy importante, expresó Hickman. Los santuarios también pueden vincular y enriquecer a las comunidades situadas a su alrededor. El Santuario Marino Nacional Thunder Bay (Thunder Bay National Marine Sanctuary, TBNMS), en Michigan, es un gran ejemplo de la convergencia de conservación, dinámica social y economía. La designación del santuario 20 años atrás preservó cientos de naufragios históricos, que probablemente representan la mayor colección de naufragios del mundo, afirmó Stephen Kroll, un antiguo operador de buceo de los Grandes Lagos y presidente del Consejo Asesor del FGBNMS.

Un buzo ilumina la rueda de popa del Cornelia B. Windiate
A technical diver illuminates the wheel on the stern of the Cornelia B. Windiate at Thunder Bay National Marine Sanctuary in Michigan.

También revitalizó a la ciudad cercana de Alpena, Michigan, al crear un nuevo negocio y polo turístico en torno a las florecientes industrias del buceo, el snorkel y el kayak. Al igual que la manera en que las especies se desbordan naturalmente de áreas marinas protegidas (MPA, por sus siglas en inglés) a puntos de pesca cercanos, el negocio creció espectacularmente como un derrame económico producto de la protección de los recursos históricos. “Esa es la esencia de los santuarios: unir comunidades para que así puedan prosperar”, señaló Sarri.

“En Alpena, hoy la comunidad es el santuario, y el santuario es la comunidad”, agregó Armor. “La protección y la conservación no son exclusivas del bienestar económico y de la comunidad. Tienen un vínculo entre sí”.

Esta sinergia dentro de los santuarios es un factor motivacional para Armor, que impulsa a las personas a entender que son partes interesadas en el sistema. “Si hacemos bien nuestro trabajo”, señaló, “no solo las generaciones futuras podrán disfrutar de estos lugares y recursos históricos, sino que las comunidades y generaciones actuales también se beneficiarán”.

Para muchas comunidades indígenas y nativas, este vínculo pasado, presente y futuro con el medio ambiente es esencial para su cultura e identidad. “El modo de vida tradicional depende de un océano saludable”, explicó Kalani Quiocho, Especialista del Native Hawaiian Program en el Monumento Nacional Marino de Papahānaumokuākea (Papahānaumokuākea Marine National Monument), en Hawái. “Somos una extensión del lugar donde vivimos; si el lugar es próspero, también lo somos nosotros, y viceversa. De modo similar, si cuidamos el océano, el océano nos cuidará a nosotros”.

El santuario incorpora estos puntos de vista a su administración. Quiocho trabaja con agencias de administración para “determinar cómo la cultura puede existir en algunos espacios intermedios” y mejorar el trabajo que hace el santuario. Papahānaumokuākea, una de las MPA más grandes del mundo, tiene especies que Quiocho no ve en las islas principales y grandes depredadores que sus ancestros conocían y adoraban. Además, protege el rol cultural que el arrecife ha tenido en las historias de la creación de los nativos y que aún tiene en la cultura actual. Es importante preservar estos vínculos con la herencia y el lugar. Quiocho describió la primera vez que visitó Nihoa (una isla en Papahānaumokuākea), coreando las palabras de sus antepasados mientras experimentaba las mismas cosas que ellos vivieron cuando tuvieron acceso a la isla —el olor a guano, el calor del sol en su piel, millones de aves y el rocío del mar. La familiaridad de esta “experiencia ancestral” lo transformó, admitió Quiocho.

Fale Bommie (Big Momma) en el Santuario Marino Nacional de Samoa Americana
Fale Bommie (Big Momma) en el Santuario Marino Nacional de Samoa Americana (National Marine Sanctuary of American Samoa) tiene más de 500 años y es uno de los corales más grandes del mundo con una altura de 6 metros (21 pies) y una circunferencia de 41 metros (134 pies).

“Parecía que de aquí proveníamos, nuestras raíces, cuando aún estábamos cerca de los tiburones”, agregó Quiocho. “Hablamos sobre especies en peligro y hábitats esenciales. Siento que Papahānaumokuākea es eso para los hawaianos nativos —un lugar donde podemos ser hawaianos en todo nuestro esplendor”.

El área protegida funciona como un portal para las comunidades hawaianas, garantizando así que recuerden su importancia y permitiendo que den forma a sus decisiones, afirmó. Proteger a un lugar tan sagrado y tener la posibilidad de establecer un vínculo con él permite a Quiocho y a otras personas que trabajan dentro del programa de santuarios administrar las aguas de modo tal que se pueda restablecer tanto la cultura como la naturaleza.

Cada área protegida tiene su propia historia única e increíble fuerza, Señaló Sarri. Al preservar estos recursos irremplazables, los santuarios protegen lo que somos —nuestra alma como nación. Nos reafirman y nos conectan con nuestra increíble herencia. Nos reviven y nos llenan.

“Los santuarios son como alimento para nuestra alma”, afirmó Armor, citando al contralmirante Tim Gallaudet, administrador adjunto de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (National Oceanic and Atmospheric Administration, NOAA). “Están las cosas sobre las que hablamos —ecológicas, históricas, económicas, las cosas que pueden medirse que aluden a un santuario—, pero lo que no puede medirse es el impacto que estos lugares tienen sobre nuestra alma. Lo he sentido, y me ha cambiado”.

Un submarinista retira residuos marinos bajo el agua
Operadores de buceo Blue Star de los Cayos de la Florida eliminan desechos marinos bajo el agua.

Las protecciones de los santuarios también tienen un efecto dominó sobre la conservación del océano en general, con ideas del programa, como por ejemplo boyas de amarre permanentes y consejos asesores comunitarios, lo que permite cobrar impulso a nivel mundial. En efecto, los santuarios marinos de los Estados Unidos pueden funcionar como centinelas de los grandes mares y demostrar cómo podemos lograr proteger un porcentaje suficiente del hábitat a fin de garantizar el futuro del océano y el nuestro también.

Muchas fuerzas invisibles amenazan nuestras aguas. Desde el cambio climático y la calidad del agua hasta los problemas de accesibilidad y la relevancia popular, los desafíos son muchos. Han sido generados por nosotros mismos, lo que significa que también es nuestra responsabilidad resolverlos, destacó Sarri. Es nuestro deber actuar como guardianes para proteger la belleza y los recursos que se encuentran en nuestros océanos, los Grandes Lagos y otros lugares.

Estas maravillas nos pertenecen a todos y nos conectan con los mares, concluyó Sarri en el libro. La ONMS administra estos lugares especiales para las generaciones actuales y futuras y garantiza que ellos, y nosotros, podamos perdurar.


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© la revista —primer trimestre 2021.

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