El buceo y el alcohol no deben mezclarse

Un buzo alcoholizado buceó en aguas demasiado profundas, se quedó sin aire y sufrió una EDC grave tras realizar un ascenso de emergencia.

Relato

El instructor/buzo principal de un barco chárter en el que me encontraba sufrió una enfermedad por descompresión al bucear alcoholizado.

El primer día del viaje, aterrizamos en el Caribe y nos dirigimos al centro turístico en autobús. En el centro turístico nos informaron que nadie bucea el primer día y que se debe esperar hasta el día siguiente para recibir el informe de seguridad. El líder del viaje y su novia, que era divemaster, habían estado consumiendo bebidas con ron todo el día durante el viaje y después de llegar al centro turístico. Esa primera noche, mi novia —que había obtenido su certificación recientemente— y yo —divemaster PADI— estábamos de pie en el agua disfrutando de las estrellas cuando advertimos que el instructor y su novia se habían colocado el equipo y que habían pasado caminando junto a nosotros para realizar un buceo nocturno. Me dirigí a ellos y les sugerí que esperaran hasta el día siguiente para comenzar a bucear. El instructor dijo: “soy instructor y ella es divemaster. Ya hemos estado aquí; regresaremos pronto”. Le dije que me quedaría en el agua hasta que regresaran por motivos de seguridad.

Una hora más tarde, la novia dejó a su compañero y regresó a la playa. Le pregunté dónde estaba el otro miembro de su equipo. Dijo: “estábamos a 49 metros (160 pies) y él seguía descendiendo. Intenté agarrarlo, pero no pude, así que pensé, ¡yo me voy de aquí!”. Le recordé que ella era divemaster y que había abandonado a su compañero que muy probablemente estaba en problemas. Le dije que debía ir a informarle al equipo de alerta de emergencia de la tienda de buceo. Ella se alejó.

En ese momento, escuché que el instructor pedía ayuda a gritos en el mar abierto. Envié a mi novia a alertar al equipo de emergencia de la tienda de buceo y nadé hacia el lugar de donde provenía el sonido. Estaba muy oscuro, pero pude ver que el instructor se encontraba herido; se había quitado el compensador de flotabilidad y estaba flotando sobre el chaleco. Lo volteé para decirle que lo tenía. Su respiración era lenta y cortada, y sus oídos, ojos y nariz estaban sangrando. Su vía aérea estaba despejada. En ese momento, el equipo de emergencia llegó al lugar; lo recogieron en un barco y lo llevaron a la playa, donde la ambulancia de la isla estaba esperando.

Yo nadé de regreso al centro turístico con su compensador de flotabilidad. Luego llevé su sistema de buceo a la cámara para que el equipo local leyera su computadora. En la computadora se podía ver la palabra DECO (descompresión) titilando a 75 metros (245 pies). Aparentemente se había quedado sin aire y había realizado un ascenso hacia la superficie a toda velocidad.

Mi novia es doctora en farmacia y conocía al instructor, por lo que se quedó con él por dos días. Después de recibir un informe que indicaba que no podía caminar ni sentía nada debajo de la cintura, me comuniqué con DAN para que realizaran la evacuación del buzo y lo trasladaran a un hospital en el territorio continental de los Estados Unidos. El equipo de DAN envió un avión privado esa tarde. Lo colocamos en el avión y esa misma tarde ya se encontraba en el hospital. Yo terminé siendo el líder del viaje por el resto de la semana. Cuando regresamos a casa, tanto mi novia como yo fuimos a visitarlo. Sufrió un daño neurológico en la espalda y ya ha vuelto a caminar, pero solo con la ayuda de un andador. El buceo y el alcohol no son una buena combinación.

Edited by Jeanette Moore

Español de México