Ética de los buzos y los operadores de buceo

Alert Diver agradece la cooperación de los buzos de cada lugar que nos ayudan a simular accidentes y otras situaciones peligrosas. Aquí estamos representando un rescate en el agua arrastrando a una víctima de regreso a la embarcación. ©STEPHEN FRINK.

Mi primer golpe de realidad como profesional de buceo fue después de una semana de trabajo con una pareja. Todos los días pedían guías de buceo privados y asistencia personalizada. Le dejaban generosas propinas a cada profesional de buceo y miembro de la tripulación para alentar aún más esa atención personal al día siguiente. 

Después del último buceo el último día de su viaje, el esposo se abrió la cremallera de su traje de neopreno, y todos quedamos helados. Tenía grapas quirúrgicas a lo largo del centro de su pecho. Se rio y nos dijo que no lo habríamos dejado bucear si le hubiera contado a alguien. Una revisión rápida de su formulario médico demostró que había mentido acerca de su aptitud física para el buceo, y durante toda la semana nunca había dejado que nadie lo viera sin una camiseta o un traje de neopreno. 

Ese día nos dimos cuenta de que los incentivos financieros y el comportamiento amable habían evitado que observáramos signos significativos y preocupantes. Desde ese día prestamos mayor atención a la hora de revisar cada formulario médico, y los miembros del personal se tomaron más tiempo para conversar con los clientes sobre la realidad de estar seguros y cómo se relacionaba con la información especificada en el formulario.

Después de varios meses sin un incidente, el siguiente golpe de realidad tuvo lugar una hermosa mañana con agua tranquila y un sol brillante. Teníamos varias embarcaciones llevando a buzos para realizar buceos en arrecifes relajadamente. Cuando llegamos al punto de buceo, los buzos ingresaron al agua. Una buceadora salió a la superficie de forma repentina, aparentemente en problemas. Estaba tosiendo y se movía erráticamente. Después de un momento hizo la seña de “OK”, se relajó y volvió a sumergirse. 

La buceadora era una mujer promedio de mediana edad y no había mostrado signos de problemas en los días anteriores. La primera oficial de su embarcación apuntó dónde se había sumergido y comenzó a preparar una boya de rescate y una línea. En cuestión de un instante la buceadora volvió a salir a la superficie y cayó hacia adelante, inmóvil. La primera oficial ingresó al agua inmediatamente y nadó hacia la ubicación de la buceadora mientras su compañero salía a la superficie. La primera oficial le entregó la boya al compañero y arrastró a la buceadora que no respondía de regreso a la embarcación. 

La tripulación le quitó el equipo a la buceadora, hizo la llamada pertinente por radio a la costa para solicitar ayuda, inició los procedimientos de salvamento, llamó por radio a las embarcaciones hermanas para recoger al resto de los buzos e inició el regreso a la costa. La buceadora inconsciente comenzó a expulsar un líquido espumoso sanguinolento por la boca cuando la primera oficial inició las maniobras de RCP. La primera oficial se enfrentó a una decisión crítica: ¿proporcionaría ventilaciones de rescate a pesar de la secreción sanguinolenta y el hecho de no tener una máscara de bolsillo? 

Sin dudarlo intentó proporcionar ventilaciones de rescate durante todo el viaje en barco. Las fuerzas policiales y los rescatistas médicos se reunieron con la embarcación en la costa. Los paramédicos reconocieron que no podían salvar a la buceadora, pero felicitaron a la primera oficial por hacer el mejor esfuerzo posible. 

Después del incidente, todos los grupos de trabajo se dirigieron a un centro local para someterse a una prueba de sustancias. Esta política era parte del protocolo estándar de accidentes después de un buceo del operador de buceo —que los profesionales de buceo habían aceptado—. Su objetivo era satisfacer las preocupaciones de las fuerzas policiales y garantizar un comportamiento apropiado para los proveedores de seguros asociados.

No había problemas de abuso de sustancias, pero las pruebas no incluían los patógenos transmitidos por vía sanguínea, incluso en el caso de la primera oficial que había estado potencialmente expuesta. Ella y los demás profesionales de buceo quedaron sorprendidos al descubrir que ella, y no su empleador, debía hacerse cargo de esa prueba. La primera oficial tuvo que conducir dos horas hasta un centro distinto y fue inicialmente responsable del costo de la prueba de patógenos. El operador finalmente acordó cubrir los gastos de todas sus pruebas médicas relacionadas con este incidente. 

A menudo, a los profesionales de buceo se nos solicita que proporcionemos la mejor asistencia posible, lo que a veces pone en riesgo nuestra seguridad y nuestro bienestar. Los rescatistas y los proveedores de primeros auxilios no siempre tienen garantizado un tratamiento apropiado y ético. Abogar por que el empleador cuidara a una empleada que se puso en riesgo en su nombre fue decisivo para garantizar que ella no tuviera que enfrentar una carga financiera inesperada para preservar su salud. 

Los investigadores determinaron que esta buceadora también había mentido en su formulario médico y no había revelado una condición médica y una medicación que estaba tomando, lo que le habría impedido bucear. A pesar de todos los protocolos existentes, en definitiva, depende de los buzos ser honestos y asegurarse de completar la documentación correctamente. Tanto los buzos como los profesionales de buceo somos parte de la comunidad de buceo. Debemos hacer nuestro mejor esfuerzo para evitar causar algún riesgo a los demás, apoyarnos entre nosotros cuando surgen problemas y ayudar a evitar problemas futuros.

© la revista - Q1 2023

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