Errores y malas decisiones 

Un buzo flota cerca de un crecimiento de abundantes corales blandos en el naufragio del Liberty cerca de la isla de Bali.

ESTABA EN UN VIAJE A TULAMBEN para bucear en el naufragio Liberty por tres días. El primer día hicimos buceos deportivos seguidos de dos días de buceo técnico. En los días previos al viaje había tenido un resfrío y sinusitis, pero las condiciones habían desaparecido cuatro días antes de mi partida. 

Durante el primer día, las condiciones del clima fueron terribles. Se desató una tormenta y tuvimos que suspender el tercero de nuestros buceos planificados. En la mañana del segundo día, nos dirigimos al Liberty. Nadé un poco relajadamente antes del buceo para estirar los músculos. Los buceos se desarrollaron sin inconvenientes, y esa noche disfruté de una cena tranquila y me fui a dormir temprano. Lamentablemente, hubo un corte de electricidad temprano y no pude dormir bien porque hacía calor y había mucha humedad. 

Al día siguiente me desperté sintiéndome dolorido y somnoliento. Hice una sesión rápida de yoga para aliviar el dolor en mis caderas y hombros. En el primer buceo de ese día no hubo demasiado para ver. 

Antes de ingresar al agua para nuestro segundo buceo, tenía un dolor de cabeza leve y veía luces brillantes. Creí que podía solucionarlo comiendo algo, así que tomé un gel energético antes de continuar con el buceo. Estoy acostumbrado a aguantar el dolor y el malestar al nadar largas distancias, pero no debería haber tenido la misma actitud respecto a un buceo. 

Durante el ascenso sentí un leve dolor en el oído izquierdo, pero no me alarmé porque normalmente tengo un poco de dificultad para compensar. En general puedo compensar tragando, pero tuve que usar la maniobra de Valsalva. Cuando llegamos a los aproximadamente 30 metros (100 pies), advertí que la corriente descendente aumentaba repentinamente. Descendimos hasta los aproximadamente 39,6 metros (130 pies), donde las condiciones se volvieron brutales. Logré sostenerme de una roca, pero la corriente no amainaba, por lo que regresé aleteando hasta los 35 metros (115 pies), donde mi guía de buceo también se estaba sosteniendo de una roca. 

La corriente era mucho más fuerte de lo que pensaba. Agotado tras el poco tiempo que me había llevado regresar, estaba jadeando intensamente y mi cabeza se bamboleaba. Pasamos 10 minutos a una profundidad de 30 metros (100 pies) antes de dirigirnos a nuestra parada de seguridad. En lugar de quedarme quieto, aleteé suavemente de regreso a las aguas poco profundas a 6 metros (20 pies). Estaba cansado y quería terminar mi descompresión lo más cerca posible del punto de salida, que ahora comprendo fue un error.

De regreso en la superficie, lo primero que noté fue mi dificultad para respirar. Sentí como si tuviera un cinturón ajustado alrededor del pecho. Después de unos minutos comencé a sentirme mareado; cuando las luces brillantes regresaron, supe que estaba en problemas. Le comenté a mi guía de buceo cómo me sentía. Me pidió que tomara agua y descansara, pero cuando comencé a tener una sensación de cosquilleo en el brazo derecho y tuve dificultad para cerrar el puño, supe que tenía una enfermedad por descompresión (EDC). El guía de buceo me dijo que me acostara en la camioneta y respirara oxígeno a través de una válvula de demanda. Mi brazo se sintió normal en unos pocos minutos, pero rápidamente desarrollé un vértigo severo y tuve que parar. Cada vez que giraba la cabeza hacia la izquierda, sentía fuertes náuseas.

Mi guía llamó a la tienda de buceo y les pidió que se comunicaran con DAN, quienes recomendaron el inicio de un tratamiento de inmediato. Estoy muy agradecido por el consejo de DAN, porque mi guía dejó todo lo que estaba haciendo para llevarme al hospital. Para cuando llegamos allí no podía sentarme sin ayuda por el vértigo. Los enfermeros me llevaron rápidamente a la sala de emergencias, me colocaron una vía intravenosa y me administraron oxígeno. Recuerdo vagamente que me hicieron una radiografía y me trasladaron a una habitación privada. 

Una prueba de la eficacia y la reputación de DAN es que el hospital jamás me molestó acerca del pago. Me suministraron oxígeno durante toda la noche con descansos ocasionales de aire porque la médica experta en medicina hiperbárica no llegaría hasta la mañana. Lo primero que hizo fue decirme que estaría bien. ¡Qué alivio! El primer día me sometieron a un tratamiento con una tabla 6 de la Marina, después del cual pude caminar sin ayuda, pero aún estaba tambaleante. Me realizaron dos tratamientos más y, si bien mi EDC desapareció, la médica me aconsejó que no volara por una semana, así que me quedé en Bali para recuperarme. 

Si DAN no se hubiera hecho cargo, no sé si habría ido al hospital esa noche, y habría tenido que esforzarme para poder conseguir el dinero para los tratamientos en cámara hiperbárica a tiempo. Tres meses después de mi incidente no tengo síntomas persistentes en el brazo y he estado ejercitándome regularmente en el gimnasio y a veces nadando. Aún tengo algún episodio de vértigo ocasional, pero es solo aturdimiento más que un verdadero mareo. 

Los médicos dicen que el daño del oído interno puede tardar hasta seis meses en sanar. Teniendo en cuenta todo, tuve suerte de sacarla fácil. Las cosas podrían haber sido mucho peores si no se me hubiera suministrado oxígeno de inmediato después de la primera aparición de síntomas y si en DAN no se hubieran involucrado para asegurarse de que yo estuviera en la cámara lo antes posible. De otro modo, podría haber terminado con un daño permanente. 

Estoy muy agradecido con la tienda de buceo y con DAN por su rápida intervención para que recibiera el tratamiento que necesitaba.

© Alert Diver — Q2 2022

Español de México