Apoyo a los buceadores tras una crisis
La formación en buceo hace mucho hincapié en qué hacer físicamente en caso de emergencia. Los buceadores en aguas abiertas aprenden habilidades como compartir aire con sus compañeros, remolcar a un buceador cansado y realizar un ascenso de emergencia a nado.
A medida que los buceadores obtienen más certificaciones —como buceador de rescate, buceador en solitario, soporte vital básico y administración de oxígeno de emergencia—, desarrollan habilidades más sólidas para la gestión de emergencias.
Es posible que algunos buceadores pasen toda su carrera sin necesidad de utilizar estas habilidades. Sin embargo, el riesgo es una parte inherente al buceo, y la posibilidad de que se produzca un incidente siempre está presente. Esa realidad es la razón por la que enseñamos estas habilidades y las practicamos a lo largo de la formación de buceo.
De lo que no solemos hablar durante la formación de buceo o de primeros auxilios es de lo que ocurre una vez que la emergencia ha terminado. Ser testigo o verse involucrado en un incidente real puede tener un impacto psicológico que persiste mucho tiempo después de que la situación haya concluido.
Durante un incidente, el cuerpo experimenta una respuesta aguda al estrés, conocida comúnmente como la respuesta de «lucha o huida». El cerebro percibe una amenaza y envía una señal de socorro al hipotálamo. Esta señal hace que las glándulas suprarrenales liberen adrenalina y cortisol, lo que a su vez provoca que el corazón lata más rápido, que la respiración se acelere, que los músculos se tensen y que se produzca una cascada de otras reacciones fisiológicas.
Aunque esta respuesta puede salvar vidas en ese momento, el estrés intenso que rodea a un incidente puede contribuir a un trauma psicológico y, en algunos casos, a cambios duraderos en la estructura y el funcionamiento del cerebro.
No existe un indicador único de cómo se verán afectadas las personas implicadas en un incidente, ya sean víctimas, socorristas, compañeros de buceo o testigos. Factores como la gravedad del incidente, sus experiencias pasadas y su relación con los implicados pueden influir en cómo se siente alguien tras un incidente, pero ninguno de ellos ofrece certeza.
Las personas pueden vivir el mismo incidente y salir de él con respuestas emocionales diferentes. Algunas personas pueden volverse calladas y retraídas, otras pueden reaccionar con un comportamiento ruidoso o agresivo, y otras pueden parecer que no se han visto afectadas en absoluto. Ninguna reacción es correcta o incorrecta. Todas las respuestas son válidas, y cada persona implicada puede necesitar algo diferente para procesar el trauma.
Los primeros auxilios psicológicos son una de las herramientas más utilizadas para ayudar a las personas a gestionar el estrés y el trauma inmediatos de un incidente. Tres principios básicos de actuación guían la forma de ayudar a alguien tras un incidente de buceo: observar, escuchar y conectar.
- Observar: al igual que en la formación en primeros auxilios, el primer paso es evaluar la situación. La persona que presta ayuda debe valorar si el entorno es seguro, tanto física como emocionalmente. Una vez determinado que el entorno es seguro, el siguiente paso es identificar quién necesita más ayuda.
- Escuchar: Una vez que quede claro quién necesita apoyo, inicia la atención acercándote de forma respetuosa, presentándote y ofreciendo ayuda en lo que sea necesario. No todo el mundo querrá ayuda, y debes respetar esa decisión. Si están abiertos a recibir apoyo, escucha activamente. Evita interrumpirles o juzgarles, y mantén toda tu atención en la conversación.
- Conectar: Al atender a alguien en situación de angustia, es importante comprender cuál es tu papel. El objetivo no es arreglar lo que ha sucedido, sino ofrecer compasión y validación mientras ayudas a la persona a acceder a apoyo adicional. Anímala a ponerse en contacto con familiares y amigos de confianza. Cuando sea apropiado, orienta a la persona hacia recursos profesionales de salud mental.
En conjunto, estos tres principios de actuación proporcionan un marco para responder a la angustia provocada por un incidente con apoyo y validación. Los primeros auxilios psicológicos son deliberadamente prácticos y accesibles. Los buceadores pueden obtener más información a través del nuevo curso de aprendizaje en línea de DAN, «Apoyo en superficie: cómo afrontar el trauma tras un incidente de buceo».
La formación en buceo y primeros auxilios prepara a los buceadores para reaccionar cuando algo sale mal. Los primeros auxilios psicológicos proporcionan a los buceadores las herramientas necesarias para seguir prestando ayuda cuando el impacto de un incidente va más allá de lo físico. En conjunto, estas habilidades garantizan que los buceadores estén preparados no solo para la emergencia, sino también para la recuperación posterior.
© Alert Diver – Q2 2026