Naufragios de Kwajalein

El atolón Kwajalein es el hogar de equipos de radar, telemetría y comunicaciones operados por el gobierno de Estados Unidos. No está abierto al público, y en la isla solo puede vivir personal que esté trabajando activamente para apoyar esfuerzos militares. [Cortesía de la Oficina de Asuntos Públicos del atolón Kwajalein (Kwajalein Atoll Public Affairs Office)]

Mi amigo Evan Gill señaló al otro lado de la playa perfecta una mancha a aproximadamente 198 metros (650 pies) de la costa y casualmente dijo: “hay un barco patrulla japonés de la Segunda Guerra Mundial”, mientras se asomaba desde nuestro carrito de golf. El océano tenía un color azul ideal y estaba liso como el cristal pulido, por lo que ni siquiera golpeaba contra la arena blanca. 

El agua era tan cristalina que pude ver un pequeño tiburón que zigzagueaba entre el coral. Este lugar era increíble. “¿Es un buceo desde la costa?”, pregunté. Ambos comenzamos a reír de alegría. 

Nuevamente serio, los ojos de Evan se fijaron en la distancia mientras miraba hacia la laguna. “De verdad, Nat”, dijo, “es algo que nunca cansa”.

Remota y restringida

Nunca rechazo una aventura, algo que muchas veces me juega en contra. Me he encontrado perdida en la jungla mexicana por la noche, colgando de una cuerda debajo de una torre de metal en una tormenta eléctrica e incluso he quedado en shock mientras mi camioneta se hundía lentamente debajo de la superficie de lo que creía era un charco, pero resultó ser una hondonada. 

Pero mi curiosidad insaciable en ocasiones da frutos, y me siento completamente asombrada por mi vida. ¿Cómo podía ser tan afortunada de quedarme en una base militar remota en el Pacífico Sur y bucear en diferentes naufragios de la Segunda Guerra Mundial con algunos de los buzos más amables y entusiastas que había conocido?

Evan vive en Kwajalein, la isla más grande del atolón Kwajalein y una de varias islas del atolón que el gobierno de Estados Unidos ha arrendado de la República de las Islas Marshall. Estados Unidos ha ocupado “Kwaj” desde que la incautó de los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial. La isla, que actualmente es parte del campo de pruebas Ronald Reagan Ballistic Missile Defense Test Site, es el hogar de equipos de radar, telemetría y comunicaciones y los especialistas que los operan.

Esta pequeña isla es uno de los pocos lugares involucrados en el mantenimiento del sistema de GPS mundial. También es el hogar del radar Space Fence y ha servido de base para lanzamientos de cohetes, incluso para SpaceX. Kwaj no está abierta al público, y en la isla solo puede vivir personal que esté trabajando activamente para apoyar esfuerzos militares. 

Los buzos pueden aterrizar en Kwaj brevemente bajo máxima seguridad cuando viajan al atolón Bikini o Guam, pero la isla rara vez es un destino en sí mismo. Evan tuvo que completar un formulario de permiso para que yo pudiera visitarlo y prepararlo durante sus certificaciones de instructor de buceo técnico. A principios de septiembre de 2023, después de cuatro vuelos y aproximadamente 45 horas de viaje, crucé la línea internacional de cambio de fecha y finalmente llegué a este inusual lugar.

Evan Gill illuminates a porthole on the Prinz Eugen.
Evan Gill ilumina un ojo de buey del Prinz Eugen © NATALIE GIBB
Viviana del Campo observes the purple and red plate corals that are scattered about the wreck sites.
Viviana del Campo observa los corales de plato de color púrpura y rojo que están diseminados en los alrededores del naufragio © NATALIE GIBB
The Prinz Eugen lies upside down with one of its propellers sticking out of the water.
El Prinz Eugen yace en posición invertida con una de sus hélices sobresaliendo del agua © NATALIE GIBB

Configuración del terreno

Evan me recibió en el aeropuerto con un carrito de golf alquilado y partimos en un recorrido por la isla de 3,1 kilómetros cuadrados (1,2 millas cuadradas). Mientras conducíamos por una pequeña carretera que se extendía por la isla, me contó sobre las reglas y me advirtió que no tomara fotos de las “pelotas de golf” —los domos geodésicos blancos que protegen las muchas antenas que hay en la isla— o el equipo militar. 

Otra regla involucraba el pequeño aeropuerto, cuya pista de aterrizaje ocupaba todo un lado de la isla. Debía detenerme, mirar a ambos lados y observar el cielo antes de conducir por la pista de aterrizaje porque no hay barreras que eviten que las personas crucen mientras un avión está llegando o partiendo. 

Durante nuestro viaje de 20 minutos por la isla, Evan se detuvo para mostrarme puntos de ingreso clave para buceos desde la costa a lo largo de la laguna interior del atolón. Cada uno tenía una cabaña de buceo techada, un tanque de enjuague de agua dulce, ganchos para secar equipo al aire libre y una mesa con bancos. En estas cabañas había tanques y equipos guardados, a la espera de que sus propietarios los usaran. Esta es claramente una isla de buzos.

Nos detuvimos junto al depósito de tanques donde se guardan los cilindros de aire comprimido que pertenecen al club de buceo de la isla. Por una cuota de membresía anual nominal, los buzos pueden usar una contraseña para acceder al depósito de tanques en cualquier momento. Las cuotas del club cubren el uso y las cargas de cilindros de manera ilimitada —los miembros del club de buceo llenan los tanques cada viernes, cuando el contenido de la mayoría de ellos se ha agotado—. El club me había eximido del pago de mis costos del viaje a cambio de una presentación sobre buceo en cuevas, por lo que tuve acceso al depósito de tanques como si fuera miembro. 

La comunidad de buceo local fue hospitalaria y amable. Mike Bosse, propietario de una de las dos tiendas de buceo de la isla en ese entonces, se ofreció a llevarme para realizar mi primer buceo en aguas abiertas en el lugar mientras Evan trabajaba en secretos clasificados del gobierno. Solo tenía que encontrarme con Mike en el punto de buceo, algo que era más fácil de decir que de hacer. 

Evan había alquilado un carrito de golf para llevarme a mí y mis cuatro maletas de equipo a nuestro lugar de alojamiento, pero ese no es el método de transporte estándar en Kwaj. Los residentes utilizan bicicletas como medio de transporte general, y cuando bucean conectan pequeños remolques de aluminio un poco inestables a la parte trasera de las bicicletas para llevar los tanques. Como la última vez que había andado en bicicleta era una preadolescente, prudentemente di una vuelta a la isla antes de sujetar un remolque con tanques, equipo de buceo y equipo fotográfico.

Vestida con pantalones de buceo de los colores del arcoíris, llevé en bicicleta mi equipo de montaje lateral, dos tanques y una cámara Sony Alpha 7S III con una caja estanca y luces de video por una base militar, disculpándome en voz alta mientras me abría camino por caminos de tierra. “¡Lo siento!”, grité mientras me cruzaba frente a un caballero de aspecto oficial que viajaba en una camioneta del gobierno. “¡Soy un peligro para mí y para otros!”. Sonrió e hizo un gesto de aprobación con el pulgar hacia arriba. Cuando logré llegar al lugar y encontrarme con Mike para el buceo me sentí feliz.

Asombro bajo el agua

Al sumergirme bajo la superficie en ese primer buceo, quedé anonadada con los saludables corales cuerno de ciervo repletos de diminutos peces de cristal. Había corales de plato de color púrpura y rojo diseminados por doquier y anémonas agitaban sus brazos pegajosos frente a mí mientras pasaba nadando junto a ellas. La arena blanca estaba llena de pepinos de mar de color azul oscuro, y una pareja de rayas águila residentes se desplazaba por allí. Después de unos cinco minutos pude ver la silueta de un barco patrulla japonés de la Segunda Guerra Mundial asomándose más adelante.

Corales florecientes cubrían el naufragio. La parte superior del naufragio yace a aproximadamente 10 metros (33 pies), y las esponjas incrustantes y pejerreyes arremolinándose eran brillantes en las aguas poco profundas. El barco, que reposa sobre su lado, tiene daños significativos en las paredes de babor, lo que permite que los rayos de luz solar bailen en el interior del barco. 

Mike sonrió y se quedó atrás mientras yo intentaba capturar mis primeras fotos en un buceo en un naufragio. Parecía estar feliz de simplemente visitar este hermoso lugar y me esperó hasta que la batería de mi cámara se agotó. Me entusiasmé tanto que nunca llegué a la proa.

Viviel Campo points out the flourishing corals covering the wreck of a Japanese World War II patrol boat
Viviana del Campo señala los corales florecientes que cubren el naufragio del barco patrulla japonés de la Segunda Guerra Mundial mientras esponjas incrustantes y pejerreyes arremolinándose brillan intensamente en las aguas poco profundas © NATALIE GIBB
Evan Gill illuminates exposed cables on the Prinz Eugen wreck
Evan Gill ilumina cables expuestos en el naufragio del Prinz Eugen mientras haces de luz penetran debajo de la cubierta del naufragio © NATALIE GIBB

Otro día, otro naufragio

Determinada a recorrer un naufragio entero en mi siguiente buceo, me encontré con la propietaria de la tienda de buceo local Viviana del Campo y su esposo, Jacob, y el guía e instructor local Cliff Pryor para hacer algunos buceos desde una embarcación. 

La preparación para bucear desde una embarcación en la isla es sencilla. Después de tomar un curso de capitán de dos días, los residentes pueden alquilar un pequeño barco deportivo (B-boat) en el puerto por una baja tarifa por hora y navegar hasta uno de al menos 13 naufragios de la Segunda Guerra Mundial o diferentes arrecifes impresionantes.

Primero visitamos un punto llamado P-buoy —utilizan un sistema de denominación categorial para todas las boyas que marcan los diferentes naufragios— y el naufragio del Akibasan Maru. El destructor estadounidense hundió este buque de carga japonés el 30 de enero de 1944. 

El naufragio de 114,3 metros (375 pies) yace en posición vertical sobre el lecho arenoso a unos 39,6 metros (130 pies), con un mástil que se eleva a aproximadamente 18,3 metros (60 pies). Quedé impresionada por el tamaño del barco, que ni siquiera es un naufragio grande para Kwaj, y una vez más pasé tanto tiempo en un solo lugar que no pude recorrerlo en su totalidad. Al no estar familiarizada con las partes del barco y la artillería, quedé paralizada por las líneas y formas creadas por las vigas expuestas del naufragio. Estaba obsesionada con tomar fotos de lo que Evan más tarde me dijo era probablemente un cabrestante.

El buceo de descompresión y la penetración en naufragios son prácticas prohibidas cuando se bucea desde la base. Si bien algunos puntos tienen líneas que buzos independientes colocaron al acceder a los puntos desde embarcaciones privadas, nosotros estábamos limitados a exteriores o pasadizos porque estábamos usando barcos deportivos de la base y tanques del club de buceo. Al no tener capacitación ni experiencia previa en buceo en naufragios, estaba de acuerdo con esta limitación. 

Desde el Akibasan Maru, nos dirigimos al Prinz Eugen, un crucero pesado alemán. Cliff me contó la historia del buque con entusiasmo mientras navegábamos hacia el lugar. Prinz Eugen , que se rindió a la Marina Real Británica al final de la Segunda Guerra Mundial y luego fue transferido a la Marina de Estados Unidos en enero de 1946, fue utilizado para pruebas de armas nucleares en el atolón Bikini. Después de sobrevivir múltiples explosiones atómicas en Bikini a pesar de algunos daños y contaminación como resultado de la lluvia radiactiva, el buque fue trasladado al atolón Kwajalein, donde volcó el 22 de diciembre de 1946.

El naufragio de 207,7 metros (681 pies) de largo yace en posición invertida cerca de una pequeña isla con una de sus hélices sobresaliendo del agua. El buceo en el Prinz Eugen comienza más o menos a los 5 metros (16 pies) y luego avanza por la superficie de arena inclinada hasta los aproximadamente 36 metros (118 pies). 

Mientras nadábamos, y yo me detenía para tomar fotos animadamente de los gruesos cables de metal que creaban patrones interesantes contra la luz del día, Cliff me llamó y me señaló una escotilla abierta. En el interior había un armario lleno de torpedos. Tras haber recibido un informe de seguridad sobre los artefactos explosivos peligrosos que hay en los naufragios, necesité un minuto para armarme de valor y nadar lo suficientemente cerca para echar un vistazo. 

Peces de arrecife brillantes nos seguían mientras continuábamos explorando el buque, con Cliff señalando aspectos interesantes del naufragio. Dimos la vuelta en la proa y regresamos sobre el fondo del buque, donde había abanicos de mar descomunales adheridos al casco del naufragio. Podría pasar semanas en cualquiera de estos naufragios y probablemente meses simplemente buceando en el Prinz Eugen, intentando comprenderlo y fotografiarlo adecuadamente.

Algo que nunca cansa

Visité Kwaj principalmente para preparar a mi amigo, pero regresé varias veces para bucear en el barco patrulla japonés y el Prinz Eugen. La isla tiene muchos más naufragios fantásticos, así como también sitios de coral y cementerios de aviones que no tuve tiempo de visitar. 

Con tanta variedad de puntos de buceo, podría tomar meses de buceo para experimentar todo lo que Kwaj tiene para ofrecer —y con una configuración de buceo tan conveniente combinada con una comunidad de buceo entusiasta y amistosa, no me molestaría en absoluto—. Como Evan dijo al principio de mi viaje: “es algo que nunca cansa” —un sentimiento sobre el buceo en Kwajalein que ahora comparto—.


© Alert Diver — Q1 2024

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