Salve a un buzo y sálvese a usted mismo

Las lecciones aprendidas en un curso de buzo de rescate pueden ayudarlo a salvar a su compañero o a otro buzo, así como también a mejorar su capacidad para reconocer y responder frente a su propia situación. Foto de Stephen Frink.

Los beneficios de tomar un curso de buzo de rescate.

He realizado la mayoría de mis buceos durante vacaciones en diversos centros turísticos, donde siempre me siento seguro y cómodo. Soy un buzo conservador que siempre se esfuerza por dar prioridad a la seguridad y creo que el mejor buceo es aquél en el que regresas a la embarcación. En uno de esos viajes a un centro turístico, un instructor de buceo me preguntó si quería obtener mi certificación de buzo avanzado en aguas abiertas. Decidí que era el momento de desafiarme a mí mismo, así que obtuve la certificación.

Después de jubilarme, seguí avanzando y tomé un curso de buzo de rescate. Fue difícil para mí hacerlo a los 65 años, pero pude tolerarlo. Estudiar con entusiasmo para el examen dio sus frutos y me sentí honrado y orgulloso de recibir mi certificado.

Una idea que me quedó grabada sobre el curso de buzo de rescate es algo que había escuchado al pasar en un viaje anterior en una embarcación de buceo: “el curso de rescate lo tomas para salvarte a ti mismo”. Pensé en el significado que eso tenía y me di cuenta de que los buzos no se pueden salvar a sí mismos a menos que entiendan lo que está sucediendo y puedan evaluar el problema, seguir respirando y actuar. Parece sencillo, pero el curso de buzo de rescate me ayudó a afianzar mis habilidades de seguridad y supervivencia. Es posible que no recuerde cada detalle, pero un punto aún se destaca para mí como algo invaluable para un buzo principiante: todos los buceos pueden interrumpirse en cualquier momento, por cualquier motivo y sin ningún tipo de duda, y a eso le agregaría “y sin sentir vergüenza”. Ese consejo eventualmente me salvaría.

Con la propagación de la pandemia y la subsiguiente limitación de los viajes, decidí bucear cerca de mi casa en las aguas de Nueva Jersey. Todos mis buceos anteriores habían sido desde embarcaciones de buceo en las aguas cálidas del Caribe o Florida con excelente visibilidad. Un curso de buceo desde la costa y en ensenada parecía un buen punto de partida para comenzar a sentirme cómodo en nuevas aguas. No estaba acostumbrado a la baja visibilidad, la temperatura más baja del agua y los trajes de neopreno completos. Hasta ese momento, había estado acostumbrado a bucear con un traje de neopreno corto con 6 kg (14 libras) de lastre. Para estos buceos utilizaba 7 kg (16 libras) de lastre y un traje de neopreno completo.

El primer buceo en ensenada fue un sábado a las 6:15 de la mañana. El tiempo que pasamos temprano dentro del agua era para armonizar con la marea. Mi día comenzó a las 4 de la mañana para poder llegar allí a tiempo para nuestra reunión anterior al buceo, programada para una hora antes del buceo. Después de un breve período de ajuste para adaptarme al nuevo entorno, el buceo se desarrolló bien. Moverme en el terreno rocoso con todo el equipo colocado no era algo habitual para mí, pero la nueva experiencia fue emocionante. Me sentía confiado respecto al buceo del día siguiente.

Mi segundo buceo desde la costa —el número 67 de mi vida— estaba programado para las 7 de la mañana del domingo en un lugar diferente que parecía más sencillo y seguro. Esta playa no tenía rocas que había que atravesar para ingresar al agua. Era una mañana soleada sin ninguna nube con un viento del oeste (la dirección preferida), una temperatura cercana a los 32 °C (90 °F) y mucha humedad.  

Nos encontramos en el camino de acceso a la playa para conocer las directivas antes del buceo y luego regresamos a los autos para colocarnos el equipo. Había aparcado a 64 metros (70 yardas) de la entrada a la rampa de acceso a la playa. Después de colocarme el tanque, el lastre y un traje de neopreno completo, inicié mi caminata para volver a encontrarnos en la entrada.  

En ese momento estaba empezando a sentir calor, pero aún debía cruzar la duna y caminar otros 27 metros (30 yardas) hacia el agua. No tenía conciencia de que estaba sudando y del calor que estaba sintiendo adentro del traje de neopreno. Después de las instrucciones finales, ingresé al agua con mi grupo. Nadé quizás entre 18 y 23 metros (20 y 25 yardas), justo pasando el punto donde las olas rompían, para esperar a que los demás buzos se unieran y recibir la seña de “OK” para sumergirnos. Sin ninguna advertencia comencé a sentir que me faltaba el oxígeno y a tener dificultad para respirar. No podía controlar mi respiración e inmediatamente supe que algo no era normal. Aunque intenté tranquilizarme y respirar con normalidad, no podía parar de dar bocanadas de aire. Mi indicador mostraba que había bajado de los 2400 psi con los que había empezado a 2000 psi y había estado en el agua durante solo siete minutos.  

Gracias a mi entrenamiento, rápidamente le comuniqué la situación al buzo principal, que inició un plan de rescate de inmediato para llevarme a la orilla. Después de decirle al otro divemaster que se llevara al resto de los buzos del grupo, se acercó a mí para comenzar a arrastrarme hacia la orilla tomándome del tanque, a la vez que me preguntaba sobre mi condición y me indicaba que inflara mi compensador de flotabilidad. Una vez en tierra, alertó a los servicios médicos de emergencia (SME) de inmediato y a la policía costera local.

Los SME me proporcionaron primeros auxilios con oxígeno, controlaron mis signos vitales y me preguntaron sobre mi condición. Afortunadamente, no tenía otros síntomas. El divemaster manejó la situación correctamente, de inmediato, de manera profesional y con todos los protocolos que había reconocido de mi curso de buzo de rescate. A continuación, visité a mi médico, quien me realizó un examen y me autorizó a reanudar la práctica de buceo.

El curso de rescate es sumamente importante para poder salvar a otra persona y salvarse a uno mismo. Sabiendo que algo no estaba bien y tras recordar la lección de que cualquier buceo puede interrumpirse en cualquier momento, por cualquier motivo y sin sentir vergüenza, tomé la decisión de cancelar el buceo y alertar al divemaster sobre mi condición. Cumplimos con nuestro plan de buceo principal y activamos los protocolos de seguridad apropiados y, gracias a ello, pude superar el incidente sin sufrir ninguna lesión.

Nota del editor: los servicios médicos de DAN alientan a los buzos a consultar a un médico para que evalúe todas las causas de peligro posibles antes de volver a bucear y desarrollar e implementar medidas para evitar otro acontecimiento similar.

© la revista —primer trimestre 2021.

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